Un atardecer diferente a cualquier otro. Es como todos los atardeceres en uno. La gama de colores del cielo se hace incomparable a cualquier paleta de pintor, creo que en él hay tonalidades jamás vistas, imposibles de robar por el pincel. Los montes verdes de las islas enmarcan su base y debajo de ellos el mar multiplica la belleza de la postal. Como un espejo refleja la perfección del cielo, el único capaz de copiarla.
Hacia la orilla la imagen se torna difusa, la paleta de colores se chorrea y desvanece a mis pies. El agua cálida y la brisa me hacen parte del cuadro. El perfume de esos colores permanecerá siempre en mi memoria.
El paisaje perfecto no durará mucho más, en pocos momentos anochecerá y quedará guardado sólo en mí.
Mañana seguramente se repita la escena, pero será diferente, cada día tiene su marca personal, irrepetible, obediente al capricho de la naturaleza.

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